Diario de Castilla y León

Natalidad

El retorno de la vida a Valparaíso

El pueblo zamorano de 40 habitantes volvió a acoger el nacimiento de un bebé después de al menos 25 años sin alumbramientos

Javier y Carolina con su hija Gala, el primer nacimiento en 25 años en Valparaíso, Zamora.

Javier y Carolina con su hija Gala, el primer nacimiento en 25 años en Valparaíso, Zamora.e.m.

Publicado por
Miguel Á. Conde
Valladolid

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Valparaíso es un pueblo zamorano que se sitúa en la comarca de La Carballeda, más concretamente dentro de la pedanía de Mombuey. Es un pueblo pequeño, de 40 habitantes que sufre de primera mano el problema de la despoblación. Sin embargo, de esos 40 habitantes, uno de ellos destaca. Javier Ferrero Sánchez, de 41 años y Carolina González Sanz, de 39, alumbraron el 3 de febrero, día de San Blas, a una niña. La primera en mucho tiempo, la que ha devuelto en cierto modo la vida al municipio zamorano de La Carballeda.

Hasta su nombre, Gala, tiene historia. «El nombre lo eligió Carolina hace quince años viendo un documental de Dalí y dijo que le gustaría que su hija se llamara Gala», cuenta Ferrero. El padre ironiza añadiendo que «eligió el nombre antes de tener novio y de tener a la niña».

Bromas a parte, su padre, Javier, cuenta que él no ha vivido toda la vida en el pueblo, que su padre tuvo que emigrar a San Sebastián en el 62, «donde estaba el trabajo», y que sus primeros años de vida los pasó allí. Después de que su padre se prejubilara, la familia tuvo que tomar la decisión de volver a emigrar, pero esta vez la duda estaba en dónde asentarse. Salamanca fue el destino elegido por dos razones: «La familia de mi madre vivía en Salamanca y además tenía la universidad», cuenta Ferrero.

Él es arquitecto de profesión , «es mi pasión». Al final, aún teniendo la universidad de Salamanca, acabó estudiando en Valladolid. Cuenta que, a punto de entregar en Trabajo de Fin de Grado, volvió al pueblo «como todos los veranos». «A mí me encantaba mi pueblo, iba todos los veranos allí. En 2007 entregué el TFG y cuando mis padres dijeron que nos volvíamos a Salamanca, yo dije que me quedaba». Decidió volver a sus raíces, «al pueblo de mis antepasados», asegura.

Ya asentado en la localidad, todo se fue sucediendo con el tiempo. «En el pueblo hice mi primera casa, de un amigo de Barcelona», recuerda. A Carolina, su mujer, la conoció gracias a la restauración de un retablo. Él era por aquel entonces el presidente de la Junta de Montes. «Buscando presupuestos para restaurarlo conocimos a unas chicas que venían de Valladolid, y alquilaron una casa en el pueblo». Y por fin, después de años saliendo, el 3 de febrero de este año nació su hija. «La trajo la Cigüeña», cuenta Ferrero. ‘Por San Blas, la cigüeña verás’ reza el dicho popular que, en el caso de Javier y Carolina, fue más una frase premonitoria del destino que un simple refrán popular.

En el pueblo no podía caber más esperanza y entusiasmo. Ferrero cuenta que los últimos nacimientos ya son mayores y tienen en torno a 25 años. Ya desde entonces el pueblo no ha vuelto a escuchar el llanto ni el correteo de un niño por las calles. La pequeña se convirtió en el primer nacimiento del siglo XXI en el municipio zamorano, y como era de esperar, los vecinos la acogieron con inmensa alegría.

«Estaban entusiasmados de que lo tuviéramos, y ya cuando les dijimos que estábamos embarazados...» recuerda Ferrero cómo recibieron los habitantes de la localidad con los brazos abiertos a la niña. Desde aquel momento, la pequeña se convirtió «en la nieta del pueblo», y su población «en sus abuelos postizos». Todos los habitantes de Valparaíso deseaban poder volver a ver un niño por el pueblo: «La vecina de enfrente me decía, ¿traes a la niña? A ver, que la vea», asevera Ferrero. «Da gusto volver a ver niños por las calles, pero hacen falta más», esa frase que enuncia Ferrero define la situación de los pueblos castellanos y leoneses. Cabe destacar que Valparaíso cuenta con el Valparock, un festival de música alternativa ya consolidado en Zamora. De hecho, el Valparock consigue que la población de este municipio zamorano aumente considerablemente en verano, cuando tiene lugar este evento. Durante su duración, son cientos de personas las que acuden a los conciertos programados del encuentro, que ya es uno de los más exitosos de la comarca de La Carballeda. Sin embargo, cuando finaliza la música que trae consigo el festival, el silencio vuelve a reinar en las calles de Valparaíso, y lo que durante un breve periodo de tiempo al año se convierte en un municipio de cientos de habitantes, vuelve a ser un pueblo de 38.

Aunque la niña haya sido una verdadera bendición para el pueblo y para sus padres que, «contando a ella» como dice Ferrero, y a otra pariente cercana que también decidió mudarse a Valparaíso ya llega a los 40 habitantes, la crianza de la bebé no está exenta de problemas, sobre todo relacionados con la propia despoblación y la falta de distintos servicios en el pueblo y municipios cercanos, que muchas veces obligan a trasladarse a núcleos con mayor densidad de población o incluso a las capitales de provincia.

Ferrero asegura que, por ejemplo, se tienen que desplazar hasta Mombuey para poder disponer del servicio de guardería para su pequeña. «Transporte, medicina, estudios, tenemos bastantes dificultades, nos tenemos que desplazar para todo», cuenta. Pone también el ejemplo la dificultad para disponer de atención pediátrica para su hija. «La pediatra viene los jueves a Mombuey, si no, nos tenemos que desplazar hasta Puebla de Sanabria, y si no incluso ir hasta Zamora», asegura Ferrero. Un ejemplo claro de cómo la falta de servicios esenciales golpea y ahoga a los municipios más pequeños y despoblados de Castilla y León.

Y es que Ferrero se encontraba en una manifestación por la falta de médicos la mañana antes de realizar la entrevista. «Tres médicos se nos van de Bombuey», aclama. La situación empeora en Castilla y León. «El mayor problema que vemos de por qué la gente no quiere asentarse es eso, la falta de servicio», asegura. Añade que, en su caso entiende a aquellas personas que no quieren volver a los pueblos. «Es que muchos dicen, no vamos al pueblo por que no hay médicos», recalca.

Su familia es una de las que vive de primera mano la despoblación y la resistencia en los abuelos. «Al final todo es un tema económico», opina Javier. Como habitante de un pueblo de la España vaciada, ve todos los días como la población envejece y no existe ningún relevo generacional para los pequeños municipios de la Comunidad. Él mismo reclama una mayor cobertura y atención por parte de la Administración y las instituciones. Pone de ejemplo la Sanidad: «Los médicos vienen a los pueblos en base a incentivos económicos», cuenta. De esta manera, si estos mismos incentivos se ampliaran a otros empleos como «profesores o guardamontes», enumera Ferrero, podrían incluso generar mejoras en la economía de los pequeños municipios.

«Si el funcionariado sí residiera aquí con sus familias como los Guardias Civiles que cuentan con casa cuartel, generarían economía, irían a la panadería, al bar del pueblo», cuenta Ferrero, y añade que «es una rueda que se tendría que alimentar por parte de las Junta».

Para él, las ayudas que dan las instituciones de la Comunidad no son suficientes. Sin embargo, su familia seguirá residiendo en el pueblo, y sus habitantes, algunos rozando el centenar de años, seguirán viendo crecer a la pequeña Gala.

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